
Mérida, Yucatán; 21 de marzo de 2026.
Lo que inició como una convocatoria hace aproximadamente un mes en la ciudad de Mérida y cuyo eco se replicó en la ciudad de México el pasado 12 de marzo, hoy se cristalizó en las calles de la capital yucateca. Un contingente de aproximadamente 200 personas, representando diversos consejos comunitarios y órganos autónomos, marchó esta tarde desde el remate del Paseo de Montejo hacia la Plaza Grande para exigir un alto al despojo territorial y la colonización inmobiliaria.
Pasadas las 15 horas, el grupo inició su avance, de manera inconsciente, la marcha rodeó o esquivó una de las dos realidades qué lacera al pueblo maya y cuyos testigos de prensa extranjera dieron fe en tierras del Ma’ayab. El contingente camino del remate rumbo a la calle 62, evitando por algún motivo las 58, hasta llegar a la arteria ya mencionada para avanzar al centro de la ciudad de Mérida, rodear la plaza grande e ir frente a la sede del Poder Ejecutivo.

Frente al Palacio de Gobierno, el discurso oficial del desarrollo fue cuestionado duramente. Representantes de comunidades de Kinchil, Molas, Ixil, Sisal y Noló, entre otras, se turnaron el micrófono para denunciar problemáticas que van desde la privatización de cementerios y escuelas hasta la contaminación de cenotes por mega granjas porcícolas.
Estamos hartos de años de engaños de políticos que ofrecen prosperidad mientras saquean nuestros recursos», señaló uno de los oradores, quién calificó la movilización como el «verdadero despertar maya.

En el caso de Molas, denunciaron el absurdo intento de privatizar el cementerio local, mientras que en Sisal lamentaron que el título de Pueblo Mágico solo ha servido para vender la costa a inmobiliarias, desplazando a los locales.
Hacia el final de la jornada, el todo de las exigencias políticas se mezcló con reflexiones personales y, por momentos, confusas. Algunos oradores apelaron a la «conciencia» de quienes les quitan las tierras, sugiriendo que nada se llevarán al morir y qué el objeto final debería ser un mundo feliz y la nivelación de la riqueza, alejándose del discurso jurídico y objetivo inicial para entrar en un terreno de espiritualidad y paz social como subsecuentemente se empezó a dar.

La marcha concluyó con un grito unánime contra la criminalización de los defensores del territorio y un rechazo total a los proyectos de expansión de la Zona Metropolitana que, aseguran, solo benefician a las élites políticas y empresariales.






