
Mérida, Yucatán; 1 de marzo de 2026
Hoy, en una fresca, agradable y sentimental mañana, en una nutrida Catedral de la ciudad de Mérida, Mons. Gustavo Rodríguez Vega, Arzobispo de Yucatán, acompañado por el Arzobispo Emérito, Don Emilio Berlie Belaunzarán, así como del Obispo Auxiliar, Mario Medina Balam, llevaron a cabo la Misa Crismal, que se lleva a cabo cada año en el que se bendicen los óleos y se renuevan las promesas sacerdotales con el eterno amor renovado año con año.
Hermosas fueron las palabras en la homilía del día de hoy en las que recordaron a través de la enseñanza que, no solo los ministros son sacerdotes consagrados, sino que todo el pueblo bautizado conforma un “pueblo sacerdotal” y consecuentemente entregado a Dios. Por tal motivo, esta hermosa Misa es un profundo recuerdo de cómo los laicos viven este sacerdocio en su vida día con día y en el quehacer cotidiano en el que se ofrece el trabajo y bienes al Señor.

En la misa se mencionó la presencia de todos los sectores: canónigos, diáconos, religiosos, seminaristas, así como grupos de diversos rincones de Yucatán.
Con la presentación y la bendición del Óleo de los Enfermos, óleos de los Catecúmenos y la consagración del Santo Crisma se dieron las bendiciones correspondientes.
Entre uno de los momentos más profundos y hermosos fue el instante en el que el clero reafirmó su compromiso de fidelidad y santidad ante el Obispo Gustavo Rodríguez Vega.
En la Misa se informó de la ausencia del Obispo Auxiliar Pedro Mena, quien asistió a la celebración similar en el estado de Campeche.

Después de escuchar el ejemplo de San Francisco de Asís y su respeto por el ministerio, también es emotiva la reflexión del Arzobispo a ser “sacerdote las 24 horas del día” con la actitud de buen pastor y, para añadir a la nota, ser un buen sacerdote en la familia como padre, como hijo, como profesionista o trabajador, como estudiante… y renovar ese profundo amor como lo renueva el Clero en Yucatán.







